jueves, 3 de septiembre de 2009

El pueblo natal de Fraga y Rouco homenajea a Franco en el pregón de las fiestas


Un periodista abrió los festejos recordando al "generalísimo"

26 de agosto. Comienzan las fiestas patronales de Vilalba (Lugo), el municipio que vio nacer a personajes ilustres como Manuel Fraga o Antonio María Rouco Varela. El pregonero para dar inicio a las celebraciones de este año, otro vilalbés destacado: el periodista Antonio Domínguez Olano. Y en su discurso, elogios sin mesura al dirigente popular y al cardenal, y también a otros políticos –todos del PP- nacidos en el municipio. Hasta aquí todo normal. Pero las mayores alabanzas no fueron para ninguno de los mencionados, sino para otro conocido gallego: Francisco Franco.

Así lo cuenta el periodista Daniel Basteiro en su blog alojado en Público. Según recoge su texto, en Vilalba “este año se recordó con una nostalgia inaudita a la figura del ‘generalísimo’, a quien el pregonero (…) llama ‘don Francisco Franco Bahamonde’”. Al parecer, Domínguez Olano “no tuvo reparos en acordarse públicamente de los ‘paseos’ o de las placas en honor al dictador. Ni se despeinó al referirse al dictador por los términos impuestos por el régimen”.

"Sonrisas nostálgicas"
En un momento en que la memoria histórica busca la reparación de las víctimas de la guerra y del franquismo, el pueblo de Fraga incluso otorgó “muchas sonrisas nostálgicas y algún que otro aplauso” al trasnochado pregonero.

"Infectado con términos políticos"
“Más allá de la falta de transparencia en la elección del pregonero (…), lo grave es que se utilice un acto público, institucional pero puramente ornamental, para infectarlo con términos políticos y retórica franquista. Todo ello aderezado con adulaciones sin pudor siempre a los mismos, siempre segundo antes de cantar el himno gallego, que es de todos”, lamenta el periodista en su blog.

"Democracia mal asumida"
“Quizás lo peor sea la satisfacción de algunos (no pocos) de los presentes y su reflejo inexistente al día siguiente en la prensa. Los que aplauden estos homenajes demuestran una democracia mal asumida, que consiste en utilizar la libertad de expresión en actos públicos como un altavoz para la morriña de tiempos pasados”, concluye el texto.

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